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“Les dije que mi hijo no era un número”: así luchó una madre mexicana por hallar a su hijo desaparecido y recuperar su cuerpo

Por Mauricio Torres, CNN en Español

A Mélida Lázaro León le basta con tomar su teléfono para recordar a su hijo Mauri Daniel Arias Lázaro, así como las batallas que tuvo que librar por él.

En su perfil de WhatsApp, Mélida tiene una foto suya abrazando a Mauri Daniel y, de fondo, una imagen de Jesucristo, símbolo de la fe que —según cuenta— le dio la fuerza suficiente para buscarlo cuando estuvo desaparecido en el estado de Chihuahua, en el norte de México, y después poder recuperar su cuerpo para darle sepultura.

“Yo iba a defender la dignidad de mi hijo”, dijo Mélida a CNN, en una historia que guarda semejanzas con las de otras miles de familias con personas desaparecidas en el país.

En México actualmente hay más de 133.000 desaparecidos, de acuerdo con cifras oficiales. Los registros abarcan desde 1952 e indican que la gran mayoría de los casos se han contabilizado desde la década del 2000.

Tan solo en Chihuahua hay más de 4.000 personas desaparecidas. Otros estados superan las 10.000: el Estado de México —primer lugar en la materia— tiene más de 14.000, seguido de Tamaulipas y Jalisco con 13.000 cada uno.

Diversos especialistas señalan que estos números son un indicador de la violencia generada por grupos criminales y algunas autoridades responsables de violaciones a los derechos humanos. En ese marco, el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU anunció en abril la apertura de un proceso urgente por la situación de las desapariciones forzadas en el país, una decisión que el Gobierno de México rechazó y consideró carente de sustento.

Mauri Daniel vivía en Ciudad Juárez, Chihuahua, una localidad fronteriza con Estados Unidos a la que sus padres, originarios de Comalcalco, Tabasco, en el sur del país, se mudaron después de casarse.

Su madre recuerda que desde niño le gustó mucho el fútbol y llegó a ganar algunos campeonatos locales. Sin embargo, en algún punto dejó la escuela y tuvo problemas de adicciones con los que su familia trató de ayudarle. Incluso, durante algunos meses lo ingresó a un centro de rehabilitación.

De acuerdo con Mélida, antes de que Mauri Daniel desapareciera se encontraba justamente en una época en la que intentaba recuperarse y, aunque pasaba mucho tiempo en la calle, a veces días enteros, siempre regresaba a casa.

No ocurrió así aquel día de mediados de septiembre de 2021. Cuando sus familiares se dieron cuenta de que no había regresado, comenzaron a buscarlo. Primero preguntaron por él a quienes lo conocían en su barrio y después acudieron ante la Fiscalía de Chihuahua, que elaboró y difundió una ficha con sus datos.

Para Mélida, sin embargo, la Fiscalía fue omisa en sus labores de búsqueda, un reclamo frecuente entre familias de personas desaparecidas en México, para quienes las fiscalías no tienen los suficientes recursos, capacitación o voluntad para buscar a quienes desaparecen.

Sobre su caso, Mélida atribuye las posibles omisiones a que las autoridades no le dieron importancia por los problemas de adicciones que tenía su hijo. Pero ella decidió que no se iba a quedar de brazos cruzados.

“Lo que no sabían es cómo era yo. Yo iba a defender la dignidad de mi hijo porque ellos no son nadie para juzgar a nadie, porque eso es lo que hacen, juzgan a las personas por lo que andan haciendo o no sé, pero se toparon con una que no se iba a dejar”, dijo.

CNN contactó a la Fiscalía de Chihuahua para pedir comentarios sobre el caso y está en espera de respuesta.

Mélida, de 60 años, recuerda que los primeros meses tras la desaparición de su hijo transcurrieron sin que hubiera avances en las investigaciones. En diciembre, por recomendación de personas de la iglesia a la que asiste, se acercó al Centro de Derechos Humanos Paso del Norte para pedir ayuda.

Para enero de 2022, la organización no gubernamental —que apoya a otras víctimas de situaciones de violencia en Chihuahua— comenzó a trabajar con la familia y, en junio, le ayudó a tener acceso al expediente del caso. Mélida dice que recibieron un apoyo importante por parte de la ONG, aunque afirma que ella continuó haciendo su propia labor de búsqueda.

“Yo no se lo dejaba todo a ellos. Yo andaba buscando. Yo lo buscaba. Nos decían que lo habían visto allá y allá íbamos, pero pues no, yo no se lo dejé a la asociación ni a las autoridades”, dijo.

En agosto, la Fiscalía informó a la familia sobre el hallazgo de un cuerpo con rasgos parecidos a los de Mauri Daniel. Con esto empezó un proceso para identificarlo, que tomó varios meses y se alargó más cuando se atravesaron las vacaciones de fin de año.

Mélida dice que no fue sino hasta enero de 2023 que la Fiscalía la citó para reconocer el cadáver. En ese momento le mostraron fotografías en las que ella no reconoció a su hijo, por lo que pidió que le brindaran otros métodos de identificación como la huella digital u otras fotos.

Su petición obtuvo respuesta en mayo, cuando finalmente confirmó que el cuerpo correspondía a Mauri Daniel. En ese momento, señala, si bien sintió alivio por haberlo encontrado —aunque fuera sin vida—, también experimentó enojo porque supo que había estado en poder de las autoridades desde septiembre de 2021.

A Mauri Daniel, recuerda Mélida que le dijeron entonces, lo mataron poco después de que desapareció. Su cadáver fue localizado desde esos días y fue enviado a la fosa común, donde había permanecido hasta esa fecha.

Todavía hoy la familia recuerda con indignación lo sucedido, pues dice que varios meses de búsqueda y angustia se habrían evitado si las autoridades hubieran hecho bien su trabajo desde un principio.

Para Mélida y su familia, sin embargo, ese no fue el final de la historia. Después de que identificaron el cuerpo, tuvieron que hacer otra petición para que fuera sacado de la fosa común, así podían darle sepultura.

“Yo les dije que mi hijo no era un número, tenía nombre y apellido y tenía dignidad, porque así como nos obligan a ponerle nombre completo y todo cuando nace, también yo iba a defender que él tenía nombre y apellido”, dijo la mujer.

Las autoridades les entregaron el cadáver tres meses después, en agosto de 2023, poco antes de que se cumplieran dos años de la desaparición de Mauri Daniel.

El cuerpo fue velado, tuvo una misa y fue sepultado en un cementerio cercano a la casa de la familia, que finalmente puede saber dónde descansan los restos del joven.

Apenas a principios de diciembre, Mélida y los suyos volvieron a visitar la tumba porque, dicen, Mauri Daniel “está presente” aunque físicamente ya no está.

Mélida sabe que su historia tuvo un mejor final que el de muchas otras familias con personas desaparecidas, que acumulan años e incluso décadas sin saber dónde están sus seres queridos. Por eso, sostiene, uno de sus propósitos ahora es mantenerse cerca de la comunidad de su iglesia y del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte para ayudar a otras madres que buscan a sus hijos.

“Yo también sigo ahí, creo que en apoyo a las mamás que siguen buscando a sus hijos, que tienen 10 años, unas tienen cinco, otras más. Yo pensé que yo iba a pasar por todo ese proceso, pero gracias a Dios que no fue así”, dijo.

Consciente de que en México las noticias sobre personas desaparecidas son un asunto de todos los días y un reflejo de la violencia que aqueja al país, Mélida pide a las familias en esta situación que exijan a las autoridades cumplir con su trabajo.

“¿Qué les podría decir a las mamás? Que sigan luchando, que no se den por vencidas, que no les tengan miedo porque ellos juegan con el dolor de las personas, pero conmigo se toparon, porque yo no me dejé”.

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