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Esto es lo que hace tan increíble la secuencia del caballo de Troya en “La Odisea”

Por David Mack, CNN

Cuando se celebró en Manhattan el estreno en Nueva York de la versión de Christopher Nolan de “La Odisea”, una estatua de un caballo de casi 12 metros de altura se alzaba sobre la alfombra roja. Otros equinos gigantes han estado recorriendo el país (y el Reino Unido) para promocionar la película, que también utiliza la imagen del icónico caballo de madera de Troya en algunos de sus carteles. Y aunque el poema griego antiguo original no narra con gran detalle los acontecimientos de la famosa estratagema mitológica, sigue siendo un símbolo poderoso para la nueva película de Nolan, algo que los fans que ya la han visto comprenden perfectamente.

En una secuencia visceral y emocionante, Nolan traslada al público al interior del caballo de Troya para una escena extensa y cruda que expone las condiciones agobiantes y aterradoras de quienes se esconden dentro, subrayando su hambre frenética y animal por triunfar en la batalla.

Esta escena, que dura varios minutos, no tiene parangón en las numerosas representaciones previas de este momento mitológico en la cultura popular. Max Nelson, profesor asociado de estudios griegos y romanos que ha impartido cursos sobre las representaciones del mundo antiguo en la pantalla en la Universidad de Windsor (Canadá), afirmó no recordar ninguna otra obra que atrapara al público junto a los griegos en el interior del caballo de una manera tan sombría. “Las duras condiciones que soportaron los griegos al esperar durante días dentro del caballo de Troya no se habían mostrado antes en pantalla”, señaló Nelson.

Lo que resulta especialmente novedoso en la película de Nolan es que invierte la perspectiva a la que el público está más acostumbrado. “Por lo general, el episodio se presenta desde el punto de vista de los troyanos, que deben decidir qué hacer con él”, explicó Nelson.

Es evidente que la escena llevaba tiempo rondando la mente de Nolan. El director británico estuvo vinculado brevemente al proyecto de la película “Troya” (2004), protagonizada por Brad Pitt, antes de que la dirección recayera en Wolfgang Petersen. “Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a esto”, declaró el año pasado a la revista Empire. “Ciertas imágenes en particular: cómo quería abordar el caballo de Troya, cosas por el estilo”. Nolan también declaró este mes a The Independent que había dedicado mucho tiempo a pensar cómo representar el caballo de Troya y lograr que resultara “creíble” para el público. “Llevo veinte años con la imagen de ese caballo hundiéndose en la arena grabada en la mente”, afirmó.

De hecho, esta nueva película protagonizada por Matt Damon comienza con una breve escena en la que los troyanos descubren la estatua del caballo, aparentemente abandonada entre las olas a la orilla del mar, tal como Nolan la había imaginado. (El director comentó a Jon Stewart, de The Daily Show, que consideraba necesario que el caballo pareciera haber sido dejado allí, junto al mar, para que resultara “creíble” ante el público que los troyanos no lo vieran como una estratagema). El único griego que permanece allí, Sinón (Elliot Page), explica a los soldados troyanos que el caballo es una ofrenda de despedida a los dioses por parte de su ejército, que al parecer ha desistido del asedio a la ciudad, mantenido durante años.

Entonces, justo cuando creemos que vamos a seguir el regalo-trampa a través de las puertas de Troya, Nolan cambia de escena. No volvemos a ver el caballo hasta unos 45 minutos después, cuando Menelao (Jon Bernthal) relata a Telémaco (Tom Holland) cómo fue esconderse en el interior de la estatua junto al padre de este, Odiseo (Damon), y otros soldados.

La versión de los hechos que vemos en pantalla resulta aterradora, por no decir otra cosa. Se muestra a hombres ahogándose dentro del caballo durante las dos primeras mareas que van y vienen, mientras otros luchan por respirar a través de cañas en medio de las aguas crecientes. Menelao describe cómo los hombres, hacinados unos sobre otros en un calor sofocante, se veían obligados a orinar y defecar encima de sus compañeros.

Cuando finalmente son descubiertos por los troyanos, los griegos deben cuidar de no emitir sonido alguno mientras escuchan cómo matan a Sinón, y guardar silencio mientras un soldado pone a prueba el caballo acuchillándolo repetidamente, llegando a herir a uno de ellos. Los troyanos arrastran la estatua con cuerdas entre gruñidos antes de izarla bruscamente hasta dejarla en posición vertical junto a un templo sagrado, sacudiendo de nuevo a quienes se encuentran en su interior.

Acompañada por un ritmo de tambores que se acelera y gana intensidad gradualmente, la escena nos muestra finalmente cómo los griegos se deslizan sigilosamente por una cuerda en plena noche, eliminan a los pocos soldados troyanos de guardia y luchan por abrir las enormes puertas de la ciudad mientras se ven rodeados por un número creciente de enemigos.

En una película caracterizada por numerosos momentos de calma, esta es una de las secuencias más caóticas, electrizantes e inolvidables.

En los textos, los acontecimientos relacionados con el caballo de Troya se narran con mayor detalle en la “Eneida” de Virgilio. En adaptaciones cinematográficas previas, como “Helena de Troya” (1956) y “La guerra de Troya” (1961), el caballo suele aparecer transportado sobre ruedas y ya en posición vertical. Estas películas antiguas no incluyen planos desde el interior del caballo, y las escenas de combate que muestran pueden resultar algo ingenuas o inofensivas para el público actual. “Como era habitual en aquella época, el combate se representaba de forma más bien teatral, sin sangre ni violencia explícita”, señaló Nelson.

Dos miniseries televisivas que abordan el mito griego —“La Odisea” (1997) y “Helena de Troya” (2003)— muestran brevemente a los soldados escondidos dentro del caballo (que, una vez más, aparece sobre ruedas), pero ninguna de ellas refleja el sufrimiento real que se viviría en su interior. De hecho, el caballo parece un espacio bastante amplio y cómodo para aguardar el momento de iniciar el asedio.

Según Kim Shelton, profesora de estudios de la Grecia y Roma antiguas en la Universidad de California, Berkeley, existen numerosas representaciones del mito del caballo de Troya, que abarcan desde pinturas murales romanas del siglo VII a.C. hasta manuscritos medievales. “Al tratarse de un elemento propio del mito y la imaginación, nunca ha existido una versión definitiva”, afirmó Shelton (aunque destacó que, desde la antigüedad, a menudo se le ha representado sobre ruedas).

No obstante, Shelton prefiere la versión que aparece en la película “Troya” (2004), ya que su diseño rudimentario —a base de madera desgastada y cuerdas— recuerda a una estructura construida a partir de barcos abandonados, que era el único material disponible en aquel entonces. (La película de 2004 también muestra el transporte del caballo hacia Troya sobre una serie de troncos rodantes, en lugar de sobre ruedas acopladas a él). Y aunque “Troya” no mostró escenas del interior de la estatua —y a pesar de que el personaje de Pitt, Aquiles, se encuentra entre los que se esconden dentro, aun cuando en el poema original muere antes del asedio—, Shelton considera que los planos que sí vemos de los ojos de los soldados acechando en el interior transmitían “la sensación de peligro de estar amontonados ahí dentro e intentar no ser descubiertos”.

En comparación con la versión de 2004, el caballo de Nolan presenta un diseño y una construcción mucho más estilizados y refinados. Pero eso no significa que la experiencia fuera menos infernal o claustrofóbica para quienes estaban dentro, incluidos los miembros del reparto y del equipo técnico.

Damon contó a GamesRadar+ que, cuando le preguntó a Nolan el día anterior al rodaje de la escena cómo pensaba llevarla a cabo, el director respondió que tendrían que improvisar sobre la marcha. “Fue una auténtica lección”, dijo Damon. “Me dijo: ‘Simplemente nos meteremos ahí a presión y veremos cómo lo resolvemos’”.

El actor recordó cómo entró en la estructura junto a los demás intérpretes, Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema, antes de hacer precisamente eso. “Esa sensación de claustrofobia surgió de forma totalmente orgánica”, declaró Damon al medio. “Si lo hubiéramos planificado, no creo que hubiera tenido la misma energía”.

John Leguizamo, quien interpreta al leal y ciego Eumeo, confesó a The Hollywood Reporter su asombro al enterarse de que Nolan y van Hoytema se habían metido dentro del caballo junto a una veintena de actores y una cámara IMAX. “No daba crédito. Pensé: ‘Vaya, este hombre es un líder’”, comentó sobre Nolan. “Es alguien que no te va a pedir nada que él mismo no esté dispuesto a intentar”.

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