Trump fue incoherente, no malintencionado, al hablar de un ataque nuclear iraní contra Los Ángeles y San Diego
El presidente Donald Trump dice muchas cosas extrañas e incluso odiosas. Pero insinuar que permitiría a Irán atacar con armas nucleares Los Ángeles y San Diego no es una de ellas.
Durante un mitin en Nebraska el lunes por la noche, Trump, con sus divagaciones, se metió de lleno en una polémica en la que críticos, algunos medios de comunicación e incluso un candidato republicano al Congreso lo acusaron de ceder retóricamente los principales núcleos de población de la costa oeste al enemigo jurado de Estados Unidos. Y sería comprensible interpretar así los comentarios del presidente.
Sin embargo, el contexto y los antecedentes recientes dejan claro que el problema no fue tanto la indiferencia de Trump ante el destino de los californianos, sino su incoherencia cada vez más profunda.
Lo cual, cabe aclarar, sigue siendo un problema grave para el hombre más poderoso del mundo.
Primero, recapitulemos lo que dijo Trump.
“Pueden destruir una ciudad”, dijo sobre Irán. “Que destruyan… que… que destruyan Los Ángeles. Que destruyan San Diego. Ese… ese es un precio muy pequeño que pagar”.
No sería del todo ajeno al estilo de Trump que se tratara de otro de sus excesos verbales, dada su conducta reciente. Este es un presidente que ha hablado reiteradamente de retener la ayuda por desastres a los estados que votan contra su partido y que ha mostrado cierta indiferencia hacia los estados demócratas. Su Departamento de Energía admitió recientemente ante un tribunal que canceló subvenciones para energías limpias “basándose únicamente en la identidad política del estado del beneficiario”.
El senador independiente por Vermont Bernie Sanders acusó a Trump de decir que el pequeño precio que había que pagar era la “aniquilación de dos importantes ciudades estadounidenses”. El senador demócrata por Connecticut Chris Murphy calificó sus palabras de “algo enfermizo y perverso”. Incluso el candidato republicano al Congreso Jim Desmond, miembro de la Junta de Supervisores del condado de San Diego, dijo que Trump había “descartado ciudades estadounidenses como un precio aceptable de la guerra”. Desmond expresó su desacuerdo “rotundo”.
Sin embargo, está bastante claro que eso no es lo que Trump intentaba decir.
Para empezar, justo antes de la cita anterior había estado hablando de otros costos de la guerra con Irán —aparentemente, de los precios de la gasolina— como ese “pequeño precio que pagar”.
(Puedes ver el discurso completo de Trump aquí).
“Y, de nuevo, recuerden… es algo artificial, está un poco alto”, dijo Trump. “Es un precio pequeño que pagar por mantener seguro al mundo, por mantener seguro a nuestro país”.
Trump no dijo inicialmente que se refería a los precios de la gasolina, aunque sí lo hizo más tarde. Pero así es precisamente como ha hablado de ellos desde hace tiempo: como un “pequeño precio que pagar” para impedir que Irán obtenga armas nucleares:
- El 8 de marzo escribió en Truth Social que “los precios del petróleo a corto plazo… son un precio muy pequeño que pagar por la seguridad y la paz de EE.UU. y del mundo”.
- El 16 de marzo calificó los altos precios de la gasolina de “algo insignificante en comparación con permitirles tener” armas nucleares.
- El 5 de mayo describió los altos precios de la gasolina como “un precio muy pequeño que pagar por eliminar un arma nuclear”.
- También lo dijo en otra aparición el lunes, durante una entrevista con un canal de televisión local de Nebraska: “Lo digo con orgullo: es un precio relativamente pequeño que pagar para mantener las armas nucleares fuera del alcance de una nación de lunáticos”.
Además, tres días antes, Trump planteó un argumento muy similar al que formuló sobre Los Ángeles y San Diego, pero referido a Mobile, Alabama, durante un mitin en esa ciudad.
“Pero recuerden lo del petróleo: están pagando un precio, pero vaya que es un precio pequeño comparado con lo que ocurriría si se permitiera a estos lunáticos tener un arma nuclear y usarla contra Mobile, Alabama”, dijo Trump. “Bien, eso no va a suceder”.
En su mitin de Nebraska, Trump básicamente retomó ese argumento, pero lo volvió mucho más ininteligible.
Saltó de hablar sobre Kamala Harris y las elecciones a pedir una victoria total en Irán y luego a hablar de los altos precios de la gasolina, aunque sin decir expresamente “precios de la gasolina”. Cuando comentó la posibilidad de que Irán atacara con armas nucleares Los Ángeles y San Diego, utilizó una construcción muy desafortunada que hacía parecer que él “permitiría” que Teherán atacara esas dos ciudades de un estado demócrata.
Después volvió a los precios de la gasolina, pero nuevamente de una manera sumamente confusa.
“Pero esto terminará muy pronto, y terminará de una forma u otra, y su gas y su gasolina y todas esas cosas…”, dijo Trump, antes de desviarse hacia el tema de Venezuela.
Fue tan confuso que no solo aquel candidato republicano al Congreso pareció interpretarlo de la peor manera posible; también lo hicieron muchas personas entre el público. De hecho, lo más desagradable de todo el episodio es que hubo quienes vitorearon cuando Trump planteó la destrucción de Los Ángeles y San Diego. Eso parece revelar algo sobre el movimiento que Trump ha cultivado.
Aunque no estaba abogando por eso, su manera de expresarse sí apunta a un problema creciente.
De un presidente se espera autoridad y claridad, especialmente cuando habla de asuntos de máxima importancia, como una guerra nuclear. Pero la retórica de Trump suele carecer de ambas cualidades.
Basta con revisar cualquier entrevista reciente cuya transcripción haya sido publicada. Algunas de las respuestas de Trump en la entrevista que concedió la semana pasada a la revista Time, por ejemplo, son prácticamente incomprensibles. Basta buscar la palabra “ininteligible” para encontrar algunos ejemplos. A menudo parece que participa en un prolongado ejercicio de asociación libre.
Trump lleva mucho tiempo hablando así, hasta cierto punto. Y al presentar sus divagantes monólogos como “el tejido” (“the weave”, en inglés), ha intentado que parezcan algo deliberado, permitiendo así que sus seguidores crean que se trata de su genialidad retórica secreta.
No obstante, ese discurso sinuoso resulta cada vez más difícil de seguir y podría tener consecuencias perjudiciales.
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