Crecen las peleas entre Petro y De la Espriella. Escalarlas aún más tiene riesgo para los dos
Gustavo Petro, presidente en ejercicio de Colombia, parece no querer entregar de manera expedita las llaves de la sede del poder ejecutivo el 7 de agosto. Y el presidente electo, Abelardo De La Espriella, no oculta su afán por ocupar cuanto antes la Casa de Nariño.
El excandidato presidencial y ahora senador Iván Cepeda ha anunciado que ejercerá como líder de la oposición al gobierno de De La Espriella y llamó a sus seguidores a lo que ha llamado ‘desobediencia civil’ ante las futuras decisiones de la administración entrante. Su partido, el Pacto Histórico, ha radicado, a través del abogado Luis Guillermo Pérez, una acción de nulidad ante el Consejo de Estado que pretende suspender el acto de posesión del presidente electo el 7 de agosto. Todo esto a pesar de que el 24 de junio Cepeda reconoció el triunfo de De la Espriella y Petro anunció el inicio del proceso de empalme y su disposición a entregar el poder aún con los reparos al proceso electoral.
“Todo esto del presunto fraude, la desobediencia civil y el desconocimiento de Abelardo como presidente electo solo es una cortina de humo para desviar la atención de lo realmente importante”, dijo a CNN el analista político Álvaro Ayala, y enumeró: “los escándalos de corrupción del actual gobierno, la bomba social del sistema de salud y el castigo en las urnas al primer presidente de izquierda en Colombia que llegó con la promesa de cambio y al final resultó ser más de lo mismo”.
Algunos analistas coinciden en que vienen tiempos complejos de conflictividad social debido a que los extremos políticos buscan consolidar sus bases frente al apretado resultado de las elecciones. Al sembrar dudas sobre la transparencia del proceso, sostiene Jaime Arango, exconsejero de seguridad nacional, Petro busca blindar la legitimidad de su proyecto de político, atribuyendo la derrota a un fallo del sistema y no a un desgaste de su gestión o a un rechazo de los colombianos en las urnas. Y por parte de De la Espriella, dice Arango, comienza lo que han llamada ‘resistencia constitucional’ para poder garantizar la gobernabilidad buscando apoyo en los partidos tradicionales y poner en marcha sus planes de seguridad y el rescate de la economía.
“Se abre un escenario de conflicto en torno a la legitimidad para gobernar. Es probable que el grado de inestabilidad aumente en protestas antes y después de la posesión del presidente electo, pero no a los niveles del paro nacional de 2021”, explicó el experto. “Lo que veo en el horizonte es una nueva narrativa entre la ‘resistencia constitucional’ versus la ‘desobediencia civil’ que no es otra cosa que la combinación de todas las formas de lucha”.
A pesar de sus polémicas declaraciones y de la crisis provocada por lo expresado en sus largos y confusos escritos en X, el propio Petro ha matizado la situación, aclarando que, pese a sus profundos cuestionamientos al escrutinio, entregará el poder el próximo 7 de agosto, lo que parece darle la razón a los expertos que consideran que su objetivo no es perpetuarse directamente, sino debilitar el punto de partida del nuevo Gobierno.
“Ojalá los delirios de Petro y el silencio de Iván Cepeda no le cierren a Colombia la posibilidad de construir una izquierda moderna, sostenible y democrática. La piromanía a la que juegan solo cultivará una peligrosa estigmatización a medio país. Cuanta irresponsabilidad”, dijo en su cuenta en X Cathy Juvinao, representante en la Cámara del partido Alianza Verde que apoyó públicamente a Cepeda en el balotaje.
El anuncio de Petro, en su cuenta oficial en la red social X, de que no reconocería los resultados en las urnas a pesar de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) confirmó la victoria de De la Espriella, agudizó la polarización, que quedó al desnudo en la segunda vuelta electoral del 21 de junio. Ese día, según los resultados oficiales, De la Espriella, del movimiento político Defensores de la Patria superó, con el 49.66% de los sufragios, al candidato Iván Cepeda, del partido de gobierno Pacto Histórico, por una diferencia menor al 1%, unos 250.000 votos.
Desde entonces, las tensiones entre Petro y De la Espriella han escalado con fuertes cruces de mensajes que ponen a prueba la institucionalidad en Colombia. Petro ha llamado a sus seguidores a manifestarse en las calles y plazas públicas el 20 de julio, día de la Independencia, con el argumento de un presunto fraude del que no ha mostrado pruebas. Por su lado, De la Espriella ordenó a su equipo de empalme con el Gobierno saliente suspender las reuniones previstas para recibir los informes sobre temas como el estado de la economía, la seguridad, la salud y las relaciones exteriores, entre otros.
“Lo que hay es una gran construcción social que ustedes encuentran y lo digo así y lo reafirmó, aunque hacemos un empalme con algunos exconvictos y otras personas que son ilegítimas, porque Abelardo no ganó las elecciones en Colombia. ¿quién lo dice? El jefe del Estado. ¿A quién? A toda la humanidad. ¿Para qué? Para que nos veamos este 20 de julio en el sur de Bogotá a gritar independencia!”, publicó Petro en X el 6 de julio.
Por su parte, De la Espriella dijo que llevará ante la justicia las presuntas irregularidades que dice haber encontrado en el corte de cuentas con el Gobierno saliente. “Hago un llamado a las instituciones, a la Fuerza Pública, a la comunidad internacional y a todos los colombianos a mantenerse firmes en la defensa de la democracia y del orden constitucional. También anuncio decisiones relacionadas con el proceso de empalme, convencido de que la voluntad del pueblo debe respetarse sin excepciones. Dios, el voto y la democracia hablaron. El 7 de agosto está cada vez más cerca”, afirmó De la Espriella en un pronunciamiento público en sus redes sociales.
El choque institucional inquieta a diversos sectores políticos y de opinión. “La transición de Gobierno exige responsabilidad y gobernar para toda la población”, dijo ó Iris Marín, defensora del pueblo, en una publicación en X. “Hacemos un llamado al Gobierno saliente, al Gobierno entrante y a quienes ejercen liderazgos políticos para que restablezcan las condiciones necesarias para adelantar una transición institucional, respetuosa y orientada al interés general”, añadió.
El 25 de junio el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional entregaron las credenciales de presidente y vicepresidente electo a Abelardo De la Espriella y a José Manauel Restrepo. El escrutinio coincidió en un 99,9% con el preconteo entregado por la registraduría en la noche del 21 de junio y los veedores internacionales concluyeron que el proceso electoral fue limpio y transparente.
El Procurador General, Gregorio Eljach, pidió respetar el resultado en las urnas y permitir una transición tranquila y ordenada para no poner en riesgo la estabilidad democrática en Colombia. “Exhorto a los equipos de los gobiernos saliente y entrante a observar con rigor las normas que regulan la tarea del empalme. El empalme debe entenderse como un proceso administrativo obligatorio, estratégico, orientado a entregar formalmente la administración pública, sus recursos, los asuntos pendientes, los riesgos, logros y soportes documentales”, advirtió Eljach, máxima autoridad administrativa en Colombia.
Pero la tensión se sostiene, así como la incertidumbre de cómo se dará la transición. “Lo cierto es que la campaña por la presidencia de Colombia en 2030 ya empezó, aún antes de iniciar el gobierno de Abelardo De la Espriella”, concluyó el analista político Álvaro Ayala.
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