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“El tiempo no está a favor de Rusia”: las pérdidas y la economía presionan a Putin, según jefe de inteligencia europea

Por Sebastian Shukla y Tim Lister, CNN

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se está quedando sin tiempo para ganar su guerra contra Ucrania, en medio de un estancamiento en el campo de batalla y crecientes problemas internos, declaró a CNN un jefe de inteligencia europeo.

En los próximos cuatro o cinco meses, Putin “quizás ya no pueda negociar desde una posición de fuerza”, declaró Kaupo Rosin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia, en una entrevista en la sede de la agencia de inteligencia en Tallin.

Rosin detalló una combinación de presiones económicas, militares y sociales a las que se enfrenta Putin y que podrían obligarlo a sentarse a la mesa de negociaciones. “El tiempo no está a favor de Rusia”, afirmó.

Estonia, antigua república soviética, es ahora un puesto de escucha para la OTAN, y Rosin dedica gran parte de su vida laboral a analizar los acontecimientos en el interior de este país vecino, prepotente y hostil.

“Ya no oigo hablar de una victoria total. La gente (en el Kremlin) reconoce que la situación en el campo de batalla ucraniano no va muy bien”, comentó Rosin, añadiendo que Moscú está perdiendo más hombres de los que puede reclutar.

En los dos años transcurridos hasta enero, las fuerzas rusas avanzaron a un ritmo promedio de 70 metros (230 pies) por día, con aproximadamente 1.000 soldados muertos o heridos diariamente, según analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un grupo de expertos con sede en Washington, y otros.

Incluso esos minúsculos avances se han estancado bruscamente este año.

“Los rusos están perdiendo entre 15.000 y 20.000 soldados al mes, muertos. No heridos, muertos”, declaró la semana pasada el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.

En abril, 35.203 soldados rusos resultaron muertos o gravemente heridos, según el Ministerio de Defensa ucraniano, una cifra similar a la de cada uno de los dos meses anteriores.

CNN no ha podido verificar de forma independiente las pérdidas de ambos bandos. Moscú y Kyiv se abstienen de publicar cifras oficiales.

La mayoría de las bajas se producen por el uso de drones, tecnología en la que tanto Ucrania como Rusia han invertido fuertemente. Rosin predice que el auge de la guerra con drones limitará los cambios en el frente.

Actualmente, ambas partes son “incapaces de llevar a cabo una penetración masiva y mecanizada” en zonas situadas en lo profundo de la retaguardia enemiga, afirmó.

El equilibrio entre ambos bandos en tecnología de drones ha fluctuado a medida que avanzaba la guerra.

Sin embargo, Ucrania afirma que una nueva generación de interceptores está mitigando el impacto de los ataques rusos contra sus ciudades.

“La proporción de drones Shahed derribados por drones interceptores se ha duplicado en los últimos cuatro meses”, declaró esta semana el ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov.

Según Rosin, si Rusia quisiera revitalizar su campaña y capturar el resto de la región oriental ucraniana del Donbás —su objetivo declarado públicamente— la única opción sería “algún tipo de movilización forzosa”.

“Si los rusos lograran movilizar a otros cientos de miles de personas al campo de batalla, eso sí sería un problema (para Ucrania)”, declaró Rosin. Sin embargo, añadió que tal medida “crearía riesgos adicionales para la estabilidad interna” del Kremlin.

“Ellos (el Kremlin) están muy preocupados por la estabilidad interna y la vigilan muy de cerca… Esta no es una decisión que tomarían fácilmente”, indicó.

Moscú ordenó una movilización parcial de reservistas en septiembre de 2022, siete meses después del inicio de su invasión a gran escala. Esta movilización provocó una fuerte reacción interna, que incluyó protestas y un éxodo masivo de hombres que buscaban evitar el reclutamiento.

Desde entonces, el reclutamiento ha dependido de que los gobiernos regionales ofrezcan grandes bonificaciones y otros beneficios a quienes se inscriban, pero su capacidad para ofrecer estos incentivos se ha reducido a medida que la economía rusa se ve presionada.

Según Rosin, el coste de la guerra, las sanciones internacionales y la exitosa campaña ucraniana contra la vital industria petrolera rusa están empezando a hacerse notar.

La semana pasada, Rusia recortó su previsión de crecimiento para este año del 1,3 % al 0,4 %, y su viceprimer ministro, Alexander Novak, atribuyó la baja a la escasez de mano de obra, el gasto público excesivo y las sanciones occidentales.

Según Rosin, Ucrania ha infligido “daños por valor de miles de millones de dólares al sector energético”, ya que el creciente arsenal de drones de largo alcance de Kyiv ataca refinerías, centros de exportación y oleoductos situados a cientos de kilómetros dentro de Rusia.

Tras una reciente oleada de ataques con drones en Moscú, Rosin afirmó que “la guerra se avecina, la guerra está en casa” para el pueblo ruso.

Sin embargo, no está claro cómo los acontecimientos recientes han influido en Putin, si es que lo han hecho.

“¿Cuándo llegará el momento en que comprenda la situación real? Porque, de nuevo, la cuestión de Ucrania es tan ideológica para él, que probablemente no le resulte fácil cambiar de opinión”, opinó Rosin.

Aunque las tropas rusas no logren avanzar, Rosin cree que Putin perseverará.

Intentarán que el próximo invierno para los ucranianos sea al menos tan duro como el de este año, si no más. Si no logra su objetivo por la vía militar, sin duda intentará conseguirlo por otros medios para instaurar un gobierno prorruso en Kyiv.

Pero en Moscú crece la sensación de paranoia, y se ha reforzado la seguridad en torno al presidente ante los rumores de complots golpistas.

En la sociedad rusa en general, los soldados que regresan de Ucrania están causando problemas, “trayendo consigo violencia, inestabilidad, problemas psicológicos y delincuencia”, afirmó Rosin.

Algunos se unen a grupos del crimen organizado, añadió.

Un estudio realizado el año pasado por el centro de estudios CSIS estimó que los soldados rusos que regresaban de la guerra habían matado o herido a más de 1.000 personas dentro de Rusia.

Aunque pueden aumentar las quejas sobre la guerra a medida que se instala el estancamiento económico, Rosin ve pocos indicios de disturbios, dado el estricto control que ejercen los servicios de seguridad sobre la disidencia.

“En este momento no veo una revolución callejera, pero a veces estos sistemas son muy huecos por dentro, y si algo sucede, sucederá muy rápidamente y todos nos sorprenderemos”, afirmó.

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